"El fin del Capitalismo es su propio éxito"

"¿Puede el capitalismo sobrevivir?", se preguntó Joseph Schumpeter. "No, no creo que pueda", fue su respuesta.


Su reflexión la plasmó en una de sus principales obras: "Capitalismo, Socialismo y Democracia", de 1942.


Pero el gran economista austriaco no creía en la dictadura del proletariado ni en la revolución de Marx. De hecho, rechazaba lo que entendía como los elementos ideológicos del análisis marxista


Para él, lo que llevaría al fin del capitalismo sería su propio éxito.



"Schumpeter fue un académico brillante que fracasó rotundamente como ministro de finanzas de Austria", escribió Pearlstein, ganador del Premio Pulitzer, en una reseña sobre el libro de Nasar publicada en The Washington Post.


El economista se radicó en Estados Unidos en 1932, donde enseñó en la Universidad de Harvard por el resto de su vida.


En su nuevo hogar, cuenta Tortella, Schumpeter se enamoró y se casó con una historiadora de la economía llamada Elizabeth Boody, quien era 15 años menor que él.

"Ella fue quien compiló y preparó sus escritos sobre historia del pensamiento económico, que se publicaron póstumamente (los dos murieron antes de publicarse el libro en 1954: él en 1950 y ella en 1953) en la monumental ‘History of Economic Analysis’ (‘Historia del Análisis Económico’)", indica el autor.


Destrucción creativa


McCraw, ganador del Premio Pulitzer, fue el autor de "Prophet of Innovation: Joseph Schumpeter and Creative Destruction" (“Profeta de la innovación: Joseph Schumpeter y la Destrucción Creativa”).


Schumpeter analizó la Gran Depresión, que ocurrió después de que el 29 de octubre de 1929, se desplomara la bolsa de valores de Nueva York en el llamado martes negro.

En una entrevista que le concedió a la Escuela de Negocios de Harvard en 2007, McCraw cuenta que durante la Gran Depresión de los años 30, “mucha gente inteligente de la época creyó que la tecnología había llegado a su límite y que el capitalismo había alcanzado su punto máximo”.


“Schumpeter creyó exactamente lo opuesto y, por supuesto, tenía razón”.

Uno de los conceptos que el economista popularizó fue el de la destrucción creativa.

Y, de acuerdo con Fernando López, profesor del Pensamiento Económico de la Universidad de Granada, ese planteamiento es una especie de darwinismo social.


“El capitalismo destruye las empresas poco creativas y poco competitivas”, le dice el docente a BBC Mundo.


"El proceso de acumulación de capital las lleva continuamente a competir entre ellas y a innovar y sólo sobreviven las más potentes".


Un afán constante


Esa dinámica del capitalismo hace que los empresarios nunca pueden relajarse.

"Esta es una lección extremadamente dura de aceptar, particularmente para las personas exitosas. Pero los negocios son un proceso darwinista y Schumpeter con frecuencia lo vinculaba con la evolución", indicó McCraw.


Si nos detenemos a ver el mercado de los teléfonos celulares, no sólo veremos cómo su consumo se ha masificado sino cómo un nuevo dispositivo deja a otro obsoleto.

Constantemente aparecen nuevos productos que desplazan a los antiguos, que se vuelven obsoletos.


"Es un proceso continuo de mejora y esa es la característica número uno del capitalismo", le dice a BBC Mundo Pep Ignasi Aguiló, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de las Islas Baleares en España.


La dinámica empresarial lleva a que "la única forma de zafarse de la competencia, que es muy dura y que hace que siempre tengas los nervios y los músculos en tensión, es a través de intentos de reducción de costes, lo cual requiere procesos de innovación en la producción, o bien a través del diseño de productos nuevos que sean preferidos por los consumidores en comparación con los anteriores", indica el doctor en Economía.



Víctima de su propio éxito


“El capitalismo lleva a la producción en masa, la producción en masa lleva a una riqueza extraordinaria que se difunde entre una parte muy importante de la población y eso hace que el ansia por la igualdad sea mayor”, explica Aguiló.


El automóvil, como muchos productos, dejó de ser adquirido sólo por una élite y se masificó.


El automóvil, por ejemplo, pasó de ser un producto que sólo podía adquirir una élite a que estuviera al alcance de millones de personas.

“El precio se hunde, las cantidades se disparan y eso pasa una y otra vez con todos los productos”, dice el docente.


Esa circulación masiva de los productos hace que el nivel de vida de los consumidores suba, "que haya un reclamo de más igualdad por su propio éxito y que se acabe poniendo trabas a lo que es la esencia del sistema: la competencia", explica el doctor.

"Ese propio éxito de la abundancia compartida, porque está alcance de todos, es lo que llevaría al fin del capitalismo".


Virtud y peligro


Siguiendo esa lógica, la competencia se convierte al mismo tiempo tanto en una virtud como en un problema para las empresas.


Schumpeter estudió la obra de Marx a profundidad, pero no compartió sus ideas.

De acuerdo con López, Schumpeter creía que "el proceso de acumulación incesante de capital iba a llevar en algún momento a lo que Marx de alguna manera había anunciado como la tendencia decreciente de la tasa del beneficio".


"El capitalismo es un sistema que productivamente no tiene parangón, es un sistema que a nivel productivo -vuelvo a usar a Marx- es el más progresivo de la historia pero que tiene el problema de que la acumulación incesante de capital lo lleva a competir también de manera incesante".


"Esa competencia obliga a las empresas a tener una guerra constante por innovar, por obtener nuevos mercados, nuevos productos. Y ahí está el peligro".

Harry Landreth y David C. Colander en su libro "Historia del pensamiento económico" explican que "donde Marx había predicho que la decadencia del capitalismo procedería de sus contradicciones, Schumpeter especulaba que su fin sería producto de su propio éxito".


Su idea de sociedad socialista


En su obra "Capitalismo, Socialismo y Democracia", Schumpeter proyectó un tipo de sociedad socialista que emergería después de que el capitalismo pereciera.


Como le sucedió a Schumpeter con el capitalismo de su época, millones de personas en la actualidad cuestionan el sistema capitalista.


Guillermo Rocafort, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad Europea, ubica al pensador austriaco dentro de un grupo de economistas pesimistas o fatalistas que estaban desencantados con el capitalismo de su época.

Mientras Marx veía una lucha de clases entre la burguesía y la clase trabajadora, Schumpeter percibió una gran tensión entre un grupo de emprendedores, los que provocan "vendavales capitalistas que dan lugar a un gran crecimiento económico" y otro conformado por emprendedores "que implementan un capitalismo no tan pionero, sino más bien calculador, más conservador", le dice el doctor a BBC Mundo.


La sociedad que imaginaba Schumpeter era una en la que la distribución de la riqueza fuese más equitativa y en la que no se rechazaba al mercado.


Es una sociedad en la que el valor de la igualdad está por encima de todo -reflexiona Aguiló- "en la que se llegue a un estatus quo en el que la innovación se va deteniendo y, por lo tanto, el peso del mercado a la hora de distribuir los recursos es menor y el peso del Estado, del conjunto de lo común de la sociedad, cada vez es mayor".


Landreth y Colander citan a Schumpeter: "Los verdaderos promotores del socialismo no eran los intelectuales o agitadores que lo predicaban sino los Vanderbilts, Carnegies y Rockefellers".